
La primera vez que escuché a No te Va Gustar fue en el 2005, en una pequeña disquería de San José, Uruguay.
“Poneme algo de una banda uruguaya que suene a uruguaya”, le pedí al pibe. “No me interesa nada de los forros que quieren sonar como los ingleses o los gringos, o que cantan en inglés, salvo que las canciones sean increíblemente buenas”.
El pibe pensó un poco y puso ‘Clara’, and that was it. Esa maravilla de murga-canción, incluida en Este fuerte viento que sopla (2002, creo), me convenció en el acto que ése era un disco que había que tener. No tuve que escuchar el resto del disco y, con el correr de los años, vi a NTVG como una banda sólida y versátil.
El show que dieron el 17 de marzo de 2007 en el estadio Charrúa de Montevideo, ante casi 20,000 personas de todas las edades, fue una revelación: en Uruguay también se pueden hacer buenos shows (mensaje a los que insisten en hacer conciertos en el Palacio Peñarol: en Buenos Aires hablé con Visitante, de Calle 13, y me dijo que lo del Palacio Peñarol salió “para la mielda”; no insistan, please).
Hablé por teléfono con Emiliano Brancciardi a fines de 2007. Sorry for the delay, pero finalmente aquí está. Y trataré de actualizar esto con más frecuencia.
Gracias por el show del 17 [de marzo de 2007], por miles de razones…
Muchas gracias.
A los uruguayos que viven o se criaron en Argentina, los argentinos –con la dulzura que los caracteriza– nos llaman “uruguayo avivado”. Vos sos al revés…
Yo soy argentino y vivo acá hace… Y… Desde el ’89.
¿Cómo fue eso? No es muy común.
Mirá, yo viví mis primeros 12 años en Argentina. Mi padre es argentino y mi madre uruguaya. Tengo una hermana más grande que yo que también nació en Argentina. En el ’89 se separan mis padres y mi madre decide venir a vivir a Uruguay, a su país. Nosotros ya conocíamos a Uruguay porque veníamos todos los años de vacaciones, entonces era como venir al lugar de las vacaciones. Entonces estuvimos de acuerdo con mi hermana y desde el ’89 que vivo acá. Recién después de un par de años empecé a vincularme con la música.
¿Hasta ese momento nunca habías agarrado una guitarra?
No, salvo en las guitarreadas de casa, ¿viste? Familia italiana… Las reuniones eran de mucha gente y se armaban guitarreadas. Mi madre era una de las personas que tocaba y siempre me gustó. Pero hasta los 13 o 14 años nunca le di mucha pelota. Me interesaba ser jugador de fútbol.
¡Oh…! No me digas que sos de Peñarol...
Sí…
Ahora entiendo las banderas en el Charrúa… Felicitaciones por el clásico… [hacía pocos días Peñarol había ganado un clásico, pero a principios del 2008 Nacional ya había puesto en orden la casa, como corresponde, ganando dos clásicos seguidos; aguante decano]
Gracias…
¿Cómo estaba el rock uruguayo en el 89?
La verdad que no tenía idea, yo. Había crecido escuchando rock argentino y vine acá y la verdad que en ese momento no había mucha cosa. Después, con el tiempo, empezaron a aparecer. Incluso llegué a la edad de empezar a ir a los recitales y ver conciertos, ¿no? Pero apenas llegué no había mucha cosa para hacer.
¿Y cuándo fue que dijiste “ok, voy a hacer una banda”?
A los 14. Tenía muchos amigos que estaban en bandas. A mí me encantaba la música y ahí me di cuenta que era lo que quería hacer.
¿Arrancaste con NTVG o hubo alguna encarnación previa? Disculpame la ignorancia, pero hace siglos me fui de Uruguay y recién ahora, con la era digital, me voy enterando de las cosas...
No, no… Primero empezamos con un grupo en el liceo.
¿A qué liceo fuiste?
Al Liceo 10. Liceo público. Empezamos ahí con unos compañeros y amigos. Eso duró un año y después empezamos con NTVG a los 16. A los 14 con el otro grupo y a los 16 formamos NTVG.
¿Cómo fue tu evolución por el lado del candombe y la murga? En Uruguay, están los que fusionan los ritmos carnavaleros y los que le dan la espalda. Ustedes utilizan la murga, sobre todo, con la misma convicción con la que usan el rock y el reggae.
A la murga la conocí recién acá, estando acá. No la entendía. Cuando venía de vacaciones e íbamos al carnaval, no la entendía, por miles de cosas, incluyendo el lenguaje. No entendía miles de cosas. Después me fui interesando en el género a través de un tío que me mostró a Jaime Roos, y de ahí empecé a investigar. Y por unos años, incluso, salimos en una murga con Pablo, que era el baterista de la banda.
¿Qué murga?
La Mojigata. En realidad, lo que nosotros siempre hicimos fue no limitarnos a la hora de hacer canciones y grabar discos. En nuestras casas no nos limitábamos, así que tratamos de no encasillarnos en ningún lado. Ta, teníamos actitud rockera y nos gusta el rock, pero nos gusta también un montón de cosas como el folklore, como el tango, o como la murga, como el reggae… Un montón de cosas que en nuestras casas escuchábamos y no veíamos el porqué de no incursionar en eso. A la vez, es importante que seamos muchos: en este momento somos ocho músicos y todos tienen sus influencias; algunas parecidas, otras iguales y otras muy distintas. Es como un intercambio que está bueno.
¿Cuál es la historia de “Clara”, quizás mi canción favorita de NTVG? La primera vez que la escuché me partió la cabeza y me hizo pensar en mi madre, que se llama Clara. Y cuando vi el nombre de la canción, quedé en un estado de shock…
Surgió en el sótano, cuando vivía con mi madre todavía, en el 2000 o 2001. Puede ser una historia real o no. Eso lo dejo para que cada uno lo decida. Y nada, es eso. En esa época yo salía con la murga, empecé a hacer la canción y me pareció que venía por ese lado. Terminó siendo lo que fue. Creo que es una canción que terminó siendo muy importante en nuestra carrera porque fue la que abrió las fronteras de la edad entre el público. Si bien siempre nuestro público fue variado, [con “Clara”] se llegó a un público mayor y a niños. Para nosotros es un orgullo: lo hicimos sin querer y se dio así. Que nos digan que a “Clara” la cantan en tal escuela o tal otra los niños, o que venga una madre y te diga “Yo fui a tal recital porque me gusta la canción”, está buenísimo.
Me trae a la cabeza una imagen alucinante del Charrúa: Un padre con sus hijitos chicos, y la nena de unos 7 u 8 años cantando “¡me cago en la religión!” sentada sobre un parlante…(se ríe)
¿Por qué crees que les llegó a los niños?
Yo creo que es una historia fácil de interpretar y muy común, me parece. Es amor, amor puro. Pero también utilizamos un lenguaje que es el que tenemos para hablar, que es simple. Eso ayuda mucho porque cantamos como hablamos, y eso llega más fácil, quizás, a un niño, que si buscáramos palabras rebuscadas o lo que sea.
A “La única voz” siempre me la imagine como una hermana de “Clara”. Y en el Charrúa las tocaste back-to-back… [inexplicablemente, quedaron fuera del CD/DVD; me hubiese gustado preguntarle por qué]
Ésa es anterior. Del mismo disco, pero ya estaba escrita [de antes]. En la presentación del primer disco la tocamos y anunciamos que saldría en el segundo. Es una canción de agradecimiento a mi madre por haberse hecho cargo de muchas cosas de mi hermana, de mí, con todo en contra. Es una canción de agradecimiento en vida, porque generalmente lo que pasa es que no se agradece hasta que no se tiene a esa persona. Y yo consideré que era necesario agradecérselo ahora que la tengo.
¿Cómo te ves como violero? Me encanta como tocás, pero vos empezaste relativamente tarde.
Sí. Y no fui muy estudioso… (se ríe) Te soy sincero.
Pero tocabas mucho solo, me imagino.
Claro. Era de tocar, tocar, tocar, y tocar encima de cosas, de curioso, porque no sé escribir música, no sé solfeo. Yo me considero un acompañante, acompaño a la banda y lleno un espacio. No me considero un virtuoso porque no lo soy, pero reconozco que tengo… buen gusto. No sé si ésa es la palabra.
Es la palabra exacta. Así te veo yo. Cada cosa de la banda se caracteriza por el buen gusto, desde tus melodías y tus solos hasta cada golpe de percusión y los arreglos de vientos. Nunca nada me suena a demasiado o a muy poco. Pero todo empieza y termina con la canción.
La canción es lo más importante y el grupo, como grupo, es lo más importante. La canción es lo que tiene que primar, y también el respeto por los silencios. La música no es sólo sonido, sino también silencios. A veces vale la pena no tocar y eso le hace mucho mejor a la canción que sobrecargar.
¿Qué le decis a los pibes que le dan la espalda al candombe y la murga?
Yo creo que se están perdiendo algo que es interesante. Por algo mucha gente de afuera lo ve. Más allá de que te guste o no el género, son géneros muy ricos musicalmente. Te estoy hablando más allá de lo que es la identidad y todo eso. Hay gente que se puede sentir identificada y gente que no. Pero me parece que es eso: son géneros de mucha riqueza y por ahí está bueno prestarle un poquito de atención, más alla de que sea lo que te identifica o no. Es como el tango. Si no te gusta el tango, está bien. Pero no reconocer que es un género muy complejo y muy rico me parece que sería una necedad. Eso les diría. El candombe y murga pura quizás a la gente más joven le genere… no sé, lo aleje, por una cuestión de querer escuchar otro tipo de sonidos. Pero para eso estamos nosotros… (se ríe) …para traerle un poco de algo un poquito más moderno. Pero ya te digo: la gente se puede sentir identificada o no, pero debe reconocer que son géneros muy fuertes.
Hace muchos años, hablando con Jaime Roos sobre “Durazno y Convención”, le comentaba sobre la línea “Son Sur y Palermo/rivales y hermanos”, y me vino a la cabeza que los montevideanos y los porteños también somos rivales y hermanos, por lo menos desde el punto de vista uruguayo (a los argentinos les gusta decir “somos lo mismo…” y a mí, en lo personal, eso me enfurece; “lo mismo” las pelotas). Entonces le dije a Jaime que todos sabemos las similitudes entre los dos pueblos, y le pregunté ¿cuáles son las diferencias? Jaime pensó unos segundos y me dijo “Los argentinos son más efectivos que los uruguayos”, con lo cual dio en el clavo porque, creo yo, el argentino por lo general es más agresivo y ambicioso que el uruguayo. Nosotros somos, como buen país chico, más tranqui y nos conformamos con menos, aunque siempre estamos puteando a los cuatro vientos. Pero esa agresividad hizo que hoy el tango sea aceptado mundialmente como una cosa pura y exclusivamente argentina (cuando no lo es) y, el día que a los argentinos se les antoje, en cualquier momento el candombe explotará como algo argentino, pese a ser mucho más desarrollado en Urguay. A vos, que conocés bien a los dos lados, te pregunto lo mismo: ¿en qué nos parecemos y nos diferenciamos los porteños y los montevideanos?
Somos muy parecidos porque los problemas son los mismos. En cuanto a la rivalidad, hay una cosa más futbolera que otra cosa. Y también influye mucho que el argentino que sale no es el argentino medio, digamos, sino que es el argentino que sale a comerse el mundo y cae mal y caen justos por pecadores. Pero me parece que somos muy parecidos. La diferencia que dice Jaime es que [el argentino] defiende un poquito más… es un poquito más patriota, a veces de manera exagerada, pero a veces en algunas cosas sirve. Como en el caso del tango, que es el ejemplo que me dabas. Pero somos muy parecidos, y las cosas que acá [Montevideo] se critican de allá tarde o temprano pasan acá por una cuestión de cantidad de gente, y las cosas son un poquito más grandes y exageradas en Argentina, pero acá siempre termina pasando lo mismo. Lo bueno y lo malo.
¿Y vos que te sentís? ¿Uruguayo, argentino, rioplatense…?
Tengo la suerte de sentirme de los dos lados. No sé si es un poco cómoda la posición en la que me pongo, pero prefiero agarrarme de las mejores cosas de cada lado. Me siento re-uruguayo y no me quiero ir de acá, porque me encanta este país. Pero también me siento argentino por esas cosas que te digo. No veo grandes diferencias en la idiosincracia, no las veo…
Jaime le dijo a Milita Alfaro que no podría vivir en Buenos Aires porque no se le ocurriría ninguna canción. Yo digo que no podría vivir en Buenos Aires porque necesito la rambla y los negros…
Ahá…
¿Qué sentís que te falta de Montevideo en Buenos Aires y viceversa?
(piensa, suspira) A ver… Si viviera en Buenos Aires me faltaría todo, porque no puedo vivir a tanta velocidad y con distancias tan largas. Me gusta el acá, que esté todo cerca, que vayas al centro y siempre que vayas al centro te encuentres con un conocido, eso más de barrio, ¿viste? De hecho, vivo en un barrio, en el Buceo, y me encanta. Ya irme a vivir al centro me afectaría, y si me fuese a Buenos Aires, sería exagerar el irme a vivir al centro. Y acá, de Buenos Aires me falta algún afecto que tengo allá y cierta variedad de espectáculos. A mí me gustaría que hubiera más cosas en Montevideo, pero eso es lógico porque Uruguay es un medio muy chico.
¿Estás de acuerdo conmigo en que Todo es tan inflamable es el mejor disco de la banda? [en el DVD TAN él dice que sí]
Sí, yo creo que sí.
Suena que es un despelote.
A mí me encanta. Quizás el segundo disco [Este fuerte viento que sopla], el que tiene “Clara” y “La única voz”, es un disco que tiene muchos temas que podrían ser hits, ponele, por decirlo de alguna manera. Es un disco que se digiere más rápido, ¿viste? Pero éste me parece que es el que más me gusta, quizás porque es el momento que me toca vivir. Y es con el que más me identifico en este momento. En cuanto a sonido y letras es el que más me gusta.
Ok, hablemos del show en el Charrúa. Para mí fue una revelación, porque nunca vi un show en Uruguay con tan buena organización y sonido, y jamás imaginé que una sola banda de rock nacional podría atraer a 20,000 uruguayos. Entendeme: yo vengo del Uruguay dominado por los festivales multitudinarios (y horribles) en el Palacio Peñarol y los acoples de Ottonello…
Fue un show con mucho nervio, en realidad. En principio se había complicado y parecía que no se podía hacer ahí, y nosotros habíamos puesto mucha energía en que eso ocurriera porque era un lugar nuevo, hermoso, y perder la oportunidad de hacerlo ahí para nosotros era un golpe re-duro. Y bueno… La última semana se destrabó todo y se pudo hacer. Así que imaginate: estuvimos un mes con el corazón en la boca y despues supimos que se hacía. Habíamos puesto un montón de trabajo que, por suerte, salió todo como queríamos. Después hubo la complicación del clima, que estuvo lloviendo hasta que se abrieron las puertas, que eso también nos puso en jaque. Pero después se abrió todo y estuvo genial. Estuvo la suerte de nuestro lado.
¿Y cómo fue que se destrabó todo? ¿Quién dijo “Ok, háganlo”?
Hablando. Hablando. Hablamos con todo el mundo. En realidad, nosotros estábamos en medio de una situación política…
¿Pero el problema eran los vecinos o la ciudad?
[inninteligible] Entre el centro comunal y la Intendencia y la AUF [Asociación Uruguaya de Fútbol], que tenía que ver con el estadio, estábamos nosotros en el medio acercando las partes, acercando las partes, acercando las partes por un mes, y quedó en manos del intendente, el intendente dio el ok, los demás dieron el ok, así que se pudo hacer.
¿Te sentís afortunado de tener una banda tan grande y vivir de la música…? Supongo que vivís de la música…
Sí.
…en un país tan chico como Uruguay? Con lo difícil que es juntarse a ensayar con un batero y un bajista, vos tenés como 20 tipos (ocho, to be exact). ¿Te sentís afortunado?
La verdad que sí, me siento re-afortunado. Toco con mis amigos, trabajo con mis amigos en un lugar que no es rutinario… Afortunado de poder hacerlo en un país donde hay poca gente, es un medio muy chico. Pero por suerte no se limitó como hace unos años sólo a Montevideo, como era antes. El interior se abrió mucho. Ésa es una de las causas de que haya podido sobrevivir haciendo esto. Y también la pelota que nos dan afuera del país. Eso es importante porque te permite seguir haciendo cosas nuevas, visitando siempre ciudades diferentes… La verdad que sí, somos muy afortunados. Y eso hace que cada músico pueda dedicarse de lleno a lo que le gusta. Entonces todo es mucho más fácil y, si esas cosas dan sus frutos, vos podés dejar de hacer cosas que quizás no te llenan tanto en lo personal, para dedicarte de lleno a lo que sí lo hace. Cuando tenés esa suerte, las cosas se hacen más faciles.
1 comment:
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